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J.D. Salinger murió y todo mundo se enteró

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Por admiración y oportunismo, doy cuenta de la muerte, el día de ayer, del mítico escritor estadounidense J. D. Salinger.

Tenía 91 años y The New York Times dice que murió sin dolor (ver http://www.nytimes.com/2010/01/29/books/29salinger.html?hp).

Quizá para su desgracia, Salinger no murió en el anonimato. No se sabe nada sobre los detalles de su entierro, pero sería una broma pesada del destino si es sepultado en un panteón, para que legiones de admiradores dejen flores sobre su tumba (su estómago), tal y como repudió el protagonista de su más célebre obra, The Catcher in the Rye,  Holden Caulfield, en uno de sus múltiples monólogos de involuntaria lucidez.

The Catcher in the Rye (El Guardián entre el Centeno) fue publicado en 1951 y obtuvo un éxito masivo. Como reacción, Salinger decidió aislarse por completo del mundo y de la fama, sin apenas dejar rastro (como vaga referencia, se sabía que vivía en un lugar campirano de New Hampshire). Y en 1965 dejó de publicar y se sumió en un silencio absoluto. En la vida pública, no se volvió a saber de él.

Su rechazo a la celebridad, su reclusión y su silencio, le confirieron un estatus de leyenda. Por no querer que se supiera nada de él, todo el mundo quería saber sobre él, hasta el más ínfimo detalle. De esa manera se mantuvo su aura enigmática... Quizá su talento se esfumó en los años sesenta y para compensar decidió encerrarse y así, supuestamente, escribir por puro placer obras maestras destinadas a la hoguera. No se sabe. Es difícil especular sobre el genio de un escritor y su comportamiento.

Pero recuerdo Catcher in the Rye y no poder parar de leerlo ni de reír. Cada mención de "phony" o "goddam", y vaya que se repiten mucho a lo largo del libro, tiene un efecto certero: la risa. Y la historia, que en esencia es triste y trágica, está envuelta por un halo ligero, sin pretensiones de filosofar, sermonear o juzgar. Lo que observa Caulfield es la brutal verdad detrás del mundo falso y afectado de los adultos. ¿Cuál es esa verdad? El abismo y el vacío que subyace en la rutina y en las normas de la vida adulta. Pero esa verdad es cómica por insulsa e intrascendente. Quizá por ello, al final, el protagonista decide que lo mejor es alejarse del mundo, renunciar.

 Con eso me quedo de Salinger. No sé si fue el mejor escritor norteamericano del siglo pasado. No me importa. Una obra es suficiente.

Y ahora recuerdo también el libro de Enrique Vila-Matas, Bartleby y Compañía. En aquél libro, Vila-Matas ubica a Salinger dentro de los escritores que optaron por el "No". Es decir, dejaron de publicar y decidieron callar. En México, el ejemplo de escritor del "No" es Juan Rulfo: Pedro Páramo lo inmortalizó, ¿para qué seguir?

En Bartleby y Compañía hay un pasaje muy divertido, donde el narrador, un profundo admirador del autor, encuentra a Salinger en un autobús, en una calle de algún lugar de Estados Unidos. Mira a Salinger y no sabe qué hacer. Mira hacia el asiento de al lado y ve una mujer hermosa. Entonces, el narrador está en un dilema: o Salinger o la mujer. El resto de aquel breve encuentro, vale la pena leerlo.

Ahora, ante su muerte, seguro habrá muchos esperando con ilusión (o morbo), la publicación post mortem de algo inédito, por trivial que sea.

Pero Salinger se fue y todos lo supimos... No se salió con la suya, ¿o sí?

Catcher in the rye

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