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Ruido que incomoda

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LA SENDA

¿Inmutable?

Camino a tientas, por un sendero ensordecedor, miro mis manos húmedas, insignes de sudor, se bifurcan y contraen contra mi pecho blando, se quieren expandir entre la maleza de mis vellos y sentir los latidos de un corazón vivo, vivo como el manantial impuro de donde emana el deseo. Recorro su líquido traslúcido con mis ojos aperlados, de espejeantes abismos.

 El deseo es un espejo raspado por nuestra miseria e iluminado por el sutil rayo que permiten pasar las cortinas de la ausencia. Estás ahí, parado, ante algo indefinido, mirando tus manos, inmutables como el paso del río sangriento y agrietado del tiempo. Quisieras salir, saltar por la ventana, correr por el jardín maldito y beber del impuro manantial, sin reparo. Y dirigirte de nuevo hacia el sendero ensordecedor.

Hacia la perdición van, trastabillando, con las muletas tropezando, cargando una lápida clareada por la tiniebla blanca, lánguida y pesada... contradictoria como el recuerdo de aquel que se sumió en la desdicha por no encontrar el espejo sin reflejo. El único...

Ahora miras hacia todas direcciones, mientras caminas, con tus ojos aperlados, como caleidoscopios que no giran, brillando hasta el hartazgo, caminas, sigues, extendiendo tus manos húmedas en el vacío de aroma rancio. Como queriendo palpar la mano de aquel Ser que agurada como faro apagado, de combustible extinguido.

Avanzas, giras y penetras, creyendo estar ahí esta vez, pero inicias el recorrido por otra senda (¿la misma?) de ruido quizá aún más ensordecedor.

 

senda nebulosa

 

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